miércoles, 7 de noviembre de 2012


LEONARDO FAVIO
A la una de la tarde, una de mis hijas, entró en mi habitación  con  un  C.d. en la   mano,  rompiendo   la tranquilidad del lunes festivo, diciendo   que   Leonardo Fabio, el  precursor de la balada romántica, mi cantante favorito, había muerto. Miré el C.d,  y lo vi, ahí, con su pañoleta metido entre sus grandes hits: "Fuiste mía un verano" y "Ella ya me olvidó", temas que hicieron furor en las décadas del 60 y 70. Recordé entonces   aquellas palabras de Serrat: “Basta una imagen, un sonido, un objeto, un aroma para regresar al pasado, aquellos tiempos en que tal vez quedaron pendientes muchos sueños, que solamente están durmiendo y añoran regresar”. Me siento,  entonces, como  uno de esos tripulantes que  navegan  solos,  como los  locos, en las apacibles aguas del recuerdo”. Después toda la  tarde estuve recordando  con nostalgia los momentos alegres de la vida, cuando con menos de quince años caminaba por un empinado desfiladero de la Cordillera de los Andes, llevando sobre mis espaldas una mochila de lona donde guardaba ropa, libros y elementos de aseo personal para llegar  a Bogotá  y  ver  “el primer gran  concierto de  Leonardo Fabio en Colombia”. Volví a aquella noche que pasamos junto a Leonardo, en el parque de Lourdes, ahí en Chapinero,  cantando  “la foto de carnet”  y hablando con decenas de  hippies  del cortometraje “El amigo”, estrenado en 1960 que fue su primera producción cinematográfica. Su muerte me acongoja tanto, que me lleva atrás en el tiempo  y no puedo evitar  acordarme  de aquellos días, de  aquellos momentos, de aquellas declaraciones tímidas y de aquellos amores que no fueron. Siento su muerte porque puso en mis labios palabras que en otro contexto  hubieran parecido  cursis, como cuando después de una boda,  me puse a cantar en una esquina del barrio Los Andes de Barranquilla,  esa canción maravillosa que dice "ella ya me olvidó, yo, yo  la recuerdo ahora,  cómo no recordarla, si en cada primavera; soñábamos con hijos que se llevó la arenaaa... ella, ella  ya me olvidó, yo, yo no puedo olvidarla" Y continuaba  tentando la nostalgia escuchando: "Mi tristeza es mía y nada más, mi tristeza es mía y sola está". Este argentino  cantaba, conmovía, y me hacía llorar en los momentos tristes y también en los felices. Pese a que Leonardo Fabio fue un extraordinario cantante y compositor, quiso seguir investigando otras aristas del mundo artístico y comenzó a escribir guiones. Así fue como llegó a convertirse en uno de los  mejores directores de cine de su  país.  Después vinieron “Crónica de un niño solo” y “El romance del Aniceto y la Francisca”, consideradas como las mejores en  la historia del cine argentino. Leonardo Fabio nació el 28 de mayo de 1938, en Mendoza (Argentina) y recibió el nombre de Fuad, que luego cambió para dedicarse al arte. El prestigioso cineasta y músico argentino falleció el lunes  5 de nov. de 2012 a los  74 años después de luchar  contra una larga enfermedad, pero  supo dejar su sello en el séptimo arte  y generó un culto en torno a sus películas. Sus colaboradores más cercanos solían hablar de él como un trabajador incansable:"Fabio vive desprendido de la materia: es esencia pura", dijo Rodolfo Mórtola, uno de los colaboradores más cercanos. "Fue  casi un Buda, había momentos en los que desaparecía y, cuando lo encontraba, estaba llorando y rogando a Dios que lo inspirara para conseguir lo que había soñado. Fabio fue un eterno adolescente, hipersensible e intuitivo, y eso fue en buena medida lo que le permitió  ser tan creativo". Los periódicos dicen que murió, pero quienes lo  convertimos en testigo de nuestras dichas y quebrantos sabemos que los artistas como él no mueren. Que su música seguirá sonando mientras existan los sentimientos y que yo lo seguiré invitando a mis más privadas celebraciones.