martes, 13 de noviembre de 2012


SAMUEL ALARCÓN: UN “DURO”

PERO DE CORAZÓN  MUY NOBLE

Allá en la Guajira arriba…

Raúl Mestre

La noche del 15 de mayo de 1993,  horas antes  que en los medios de comunicación se filtrara la noticia de que  Samuel Alarcón,   había sido  capturado cuando iba a ver la actuación de su amigo Diomedes Díaz,  yo estaba en una  tarima en el  parqueadero del Estadio Romelio Martínez, coreando junto con otras  dos mil personas ,   las canciones del  gran cacique de la Junta.

A   la una y media de la mañana,   Julio,  un muchacho que era muy amigo de Samuel, de Pello Ron y otros personajes de la colonia,   me llamó  y me dijo  “Samuel,  está  preso en  la Sijín. Enseguida fuimos  y  allí  lo encontramos  muy tranquilo,  luciendo una bermuda y una camisa de flores ajustada al cuerpo y atrás  un grupo de sus  escoltas personales. Para ese  entonces ya Samuel  era un personaje querido en Barranquilla. Recuerdo  que no hubo necesidad de hablar con nadie,  ni hacer nada,  porque  doce horas  después, fue puesto en libertad al comprobarse  que la orden de captura que pesaba sobre él, había sido levantada,  luego que su abogado presentó documentos oficiales, que fueron confirmados desde Bogotá. Esa  fue la última vez que  vi a Samuel Alarcón,  ya que al año siguiente sería asesinado en  la Cárcel Modelo de Bogotá. En cambio,  a Julio,  el  muchacho  amigo de Samuel, de Pello Ron, del Chijo López, en fin, de toda la colonia,   si lo volví a ver una mañana,  ahí en la es­quina del  Coliseo,  cuando  levantaba los brazos y gritaba  para detener  un bus de Puerto Colombia. Recuerdo que al verme  me  pidió   que lo acompañara  al cementerio “Jardi­nes del Recuerdo”  porque quería  visitar a sus viejos amigos.  Fuimos y estando  allí,  me señaló las tumbas "de los seres queridos". Esta es la de Rafael Oroz­co, asesinado por la mafia en 1992;  y esta es la de Samuel  Alar­cón,  asesinado en la Cárcel Nacional Modelo, en el año 94.

la muerte de Samuel,  según los investigadores     fue ordenada por un importante narcotraficante del Caquetá. “El Inpec, en ese entonces,  investigó a varios  funcionarios y seis guardianes por su presunta participación en el complot que terminó con la muerte de Samuel  Alar­cón, pero todo eso quedó en nada. Incluso las autoridades  dijeron que el asesinato empezó a fraguarse  quince días atrás  cuando un hombre, ingresó  a la Cárcel Modelo, para establecer un primer contacto con  Jesús Aldemar Delgado Córdoba y una semana después, una mujer, esposa de otro recluso confinado en el mismo patio, ingresó para ultimar detalles de la forma en que debía realizarse el asesinato de Samuel  Alar­cón. Sobre esta mujer,  los investigadores dijeron  que fue la persona que entró el revólver calibre 38 y doce cartuchos para entregarlos personalmente a Delgado una semana antes del crimen. ¿Y cómo llegó Delgado al patio Quinto?  Dicen las investigaciones que “Durante los quince días previos al asesinato,  uno de los funcionarios aparentemente comprometidos en el complot, envió un oficio de traslado de tres reclusos de un patio a otro. Los tres reclusos. El oficio fue entregado al director de la Cárcel Modelo quien, tras estudiarlo detenidamente, autorizó al encargado de los traslados de la prisión efectuar los trámites pertinentes antes de firmar el oficio. Cuando el oficio llegó nuevamente a sus manos,  el director de la cárcel lo firmó sin saber que uno de los funcionarios había colocado deliberadamente en la lista de los tres reclusos el nombre del convicto Delgado,  para trasladarlo al patio Quinto y fue así como este aprovecho que Samuel hablaba con un grupo de reclusos en el patio Quinto y  le hizo un disparo en la cabeza y luego, cuando  se hallaba en el suelo, le propinó otros tres impactos en el pecho. Tras el crimen los convictos del patio intentaron linchar a Delgado, quien fue objeto de una paliza que lo dejó al borde de la muerte. En uno de sus bolsillos las autoridades encontraron seis de los doce cartuchos que le habían sido entregados para asesinar a Samuel  Alar­cón