domingo, 8 de septiembre de 2013

¡LA “ÉPOCA BRAVA”  Y EL HORROR
EN  LA CAPITAL DE LA MONTAÑA”!
 A las seis de la tarde todos  tenían que encerrarse en sus casas
Raúl Mestre
Ahora que la televisión hace “el recuento de la época brava en la capital de la Montaña”, presentando a “Los tres caines” recuerdo que para ese entonces en Medellín la gente a las seis de la tarde,  permanecía temerosa y   todos  tenían que encerrarse en sus casas porque sabían que aquel “que debía llamar  a esa hora  no llamaría”,  y que aquella que debía llegar  ya  no llegaría  y  nadie podía  ver lo que   pasaría después de  esa hora en aquella ciudad.
Los restaurantes permanecían  desocupados, los hoteles vacíos. En la ciudad se respiraba una completa zozobra; en las calles unos muchachos repartían  hojas volantes,  dirigidas a los taxistas donde les decían  que  si trabajaban después de las 6 de la tarde serían asesinados.
En  esa época terrible, llegué al aeropuerto de Rionegro. Allí me encontré con mi primo Antonio Vega,  y bajamos  a Medellín por una vía que se llama Las Palmas. Ese día la carretera estaba cerrada, porque 14 personas  habían sido asesinadas, quemadas, torturadas y tiradas en esa vía'.  Recuerdo que logramos  pasar  gracias a unos policías a quienes Antonio, les explicó que yo    venía de Barranquilla, para un tratamiento médico urgente ” Los policías   nos abrieron paso. Sin embargo a unos 20 minutos, cuando íbamos llegando al Hotel, escuché una explosión enorme,  a una cuadra de allí, habían puesto un carro bomba que dejó unos 20 ó 25 muertos' entre ellos la mujer del  dueño de la pensión donde yo casualmente  me iba a bajar.
Recuerdo que era un paisa  bonachón    quien  a pesar de la tragedia que estaba viviendo,  no estaba triste,  sino   nostálgico mirando   la cama  donde todas las tardes   solía  acostarse con su mujer para  hablar de aquellos días felices  de las “vueltas a Colombia en bicicleta, de Cochise , el gran ciclista, de Ramón Hoyos Vallejo , el pentacampeón, en fin, de Rubén Darío Gómez, el tigrillo de Pereira , el hombre de camisas “Jarcano”.
El  hombre  miraba  el tocador y recordaba que su mujer era coqueta “Eh, avemaría, esa no salía ni a la esquina,  sino se miraba quinientas veces en el espejo”. Después el hombre miró el cuadro   del Corazón de Jesús,  y  dijo que no entendía por qué aquella tragedia había envuelto a una mujer tan creyente  “todos los días  antes de ponerse los tenis, para salir a trotar se encomendaba a esa imagen”. Incluso el día anterior a la tragedia  como a las 4pm,  iba  caminando con ella por la avenida Junín  y vimos  cómo  el compañero de una persona que iba en una moto, se bajó  y mató  a dos personas y , ella mientras la gente  se quejaba de aquella ola de  inseguridad tan terrible , lo primero que hizo fue dirigirse a la iglesia de la Veracruz a rezar por los muertos”.
Ese mismo día, después de dejar la maleta en esa pensión,  cogí un taxi, iba hacia el centro  y vi cómo dos personas pararon  el taxi que iba adelante  y dos sicarios mataron  al taxista'. ¡No! Por Dios, ¿Esto qué es?  Me pregunté y un muchacho que estaba en una esquina me dijo que “Ése era un día normal en la vida de Medellín”. Y  hay que ver que  todo eso   pasó entre las 7 de la mañana y la 1 de la tarde'
'Cuando uno llegaba al hotel, los  huéspedes decían que  trancaban  la puerta con una silla, para evitar que alguien se metiera'.
 Esa era la  Medellín de los años “ochentipuya”  y cada vez que iba, la situación era mucho más tensa, más complicada.'  Me tocó vivir la bomba del Hotel Intercontinental  fue una cosa aterradora, un carro bomba de 400 kilos, que dejó muchísimos muertos'. Por eso cuando el dueño de la pensión, ese antioqueño bonachón y regionalista, para joderme la vida me  preguntaba si en Barranquilla todavía habían esos arroyos tan feos, yo le decía que si pero que afortunadamente era una ciudad tranquila. Incluso para desquitarme le dije que mis hijas cuando yo iba para Medellín se ponían a llorar. Y el hombre con ese humor propio de los paisas, torció la boca  y después de un largo rato me preguntó: ¿Y es que sus niñas son bobitas?
Después de eso, para mi más grande decepción, esa misma guerra  poco  a poco  se  fue trasladando  a las calles de Barranquilla,  pero  esa  historia se las cuento en el próximo festivo